Luis Figueroa, cita a Pedro Trujillo hoy en su blog. Véanlo acá.

Coloqué allí un comentario que reproduzco, pues la intención de este blog es cabalmente hacer consciencia que estamos enfocando nuestras ideas sobre los impuestos en el problema equivocado:

“La discusión debe ser “qué necesidades SON del Estado”, como dice la Constitución en el artículo 239.
La justificación única para el pago de impuestos es que sean “para necesidades del Estado”. Hartarse hasta la saciedad no es una necesidad del Estado, como se aprecia acá.
Derecho quiere decir dar lo que por “origen” corresponde. Esto no es por origen. Si no hay una justificación de “derecho” para la asignación a dichas “necesidades”, no hay obligación jurídica para que el Estado exija impuestos y tampoco hay obligación legal ni moral para su cobro. La obligación moral es aquella que existe por la naturaleza del reclamo, aunque no se haya cumplido con los requerimientos legales. Y legal es una obligación moral que se asciende a exigible por vía coactiva. Al no haber “origen jurídico”, porque no hay origen moral del reclamo, no existe dicha obligación de pago.
Todo esto lo derivo del mismo artículo 239 de la Constitución.”

No debe atacarse el problema de la “suficiencia” o “insuficiencia” de los recursos, si primero no establecemos cuáles son las necesidades del Estado por el origen y naturaleza misma de un Estado. No puede confundirse las necesidades de los seres humanos con aquellas del Estado y no puede transformarse la razón de ser de la existencia misma del Estado para justificar gastos sin relación a dicha naturaleza.

El Estado es el monopolio del uso de la fuerza para:

1. Proteger la vida de los ciudadanos;

2. Proteger la propiedad justa y legalmente adquirida;

3. Hacer cumplir los contratos libremente acordados entre las personas.

Todas las demás funciones pueden ser deseables, pero requieren de un cumplimiento de estas tres básicas antes de pensar en otras. La historia de la tributación y del Derecho Tributario sustenta que los tributos son para cubrir dichos gastos y por encima de ello se requiere un acuerdo casi unánime para su cobro. Si se descuidan esas tres funciones connaturales al Estado, caeremos en un estado fallido.

Hemos cumplido la meta de ser un Estado fallido. ¿Qué falló?

 

Mario E. Archila M.