En la Edad Media los dragones eran un temido adversario. El señor feudal era un respetado explotador. El cobrador de impuestos era un detestable ladrón.

Las épocas han cambiado pues ya no hay dragones ni señores feudales, pero seguimos teniendo cobradores de impuestos.

La vida en sociedad lo exige. Esa exigencia, sin embargo, no es una obligación de “pague todo”. Una planificación fiscal es simplemente una forma de establecer su situación actual y las posibilidades de optimizar sus pagos de impuestos dentro de dos márgenes importantes: la ley y la ética.

No se arriesgue a una planificación fiscal con estrategias poco ortodoxas que lo pueden llevar a prisión.

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