Uff! Título que le pongo para complicarme la vida.

Vamos a empezar con una noticia de Siglo XXI que me llamó mucho la atención:

En la noticia se habla del concepto de impuestos “redistributivos” y sus efectos. Se ha hablado mucho de los famosos programas sociales del gobierno de Guatemala. Los más controversiales son Mi familia Progresa y Bolsas solidarias. El diario en mención dice: ”

Pese a la vulnerabilidad, la familia de Álex no forma parte de los 8,440 beneficiarios de la Bolsa Solidaria Rural Temporal, la cual busca ayudar a las familias de los municipios priorizados que viven en comunidades con alto y muy alto riesgo de inseguridad alimentaria.

El programa consiste en la entrega de 1 quintal de maíz, 1 arroba de frijol y 2 litros de aceite vegetal comestible, durante tres meses, que coincide con el término de la siembra y el inicio de la cosecha de granos básicos. Así se explica en un informe de rendición de cuentas del Consejo de Cohesión Social.” (puede leer la noticia acá).

¿Qué tiene esto de importante? Bien, si lee toda la noticia verá cómo la comunidad se queja de la falta de ayuda y clama por ella al gobierno. Los entes burocráticos no asisten a 4 aldeas de Zacapa que representan riesgo alimentario, que ya han sido ubicadas. Las excusas no son importantes, pues el problema es de fondo.

1. No corresponde al gobierno salvar la crisis alimentaria. Es cuestión de generación de más riqueza en el país, para lo que los gobiernos no son el vehículo.

2. La repartición, aunque tengan excusas, obedece a intereses particulares de quienes toman las decisiones: los burócratas. Siempre habrá alguien a quien dejan fuera. No estoy diciendo acá que en este caso particular los intereses sean oscuros y poco nobles -eso júzguelo usted-, simplemente digo que siempre habrá esos criterios. En algunos casos será por razones políticas, por buscar el voto, por quedar bien con algún proveedor, etc.

3. Las necesidades del ser humano son siempre ilimitadas, pero igualmente, la actividad del ser humano es ilimitada. En estas situaciones hay mucha gente dispuesta a ayudar, siempre que el aparato estatal no esté drenando recursos de fines que son netamente privados: caridad, beneficencia y generación de riqueza, para usarlos con fines particulares y hasta políticos. Ese riesgo siempre estará, principalmente en un Estado cuasifallido que no podrá controlar la corrupción, salvo que atienda las verdaderas necesidades del Estado.

Esas necesidades del Estado a ser cubiertas -porque es la esencia del Estado moderno- son: justicia, seguridad, relaciones diplomáticas y obras públicas. A eso debe referirse el artículo 239 de la Constitución cuando establece que los tributos deben ser decretados para cubrir las necesidades del Estado.

No se pierda, utilizar los impuestos con fines redistributivos no salvará a nadie que esté en el punto más bajo de la escala de riqueza. Dejemos eso a la actividad bondadosa de los agentes sociales adecuados. A ellos que no pueden coercitivamente cobrar para conseguir el dinero, por lo que usarán el mismo en la forma más eficiente posible y tratarán de dar solución a largo plazo en las comunidades más necesitadas. ¿Quiere ejemplos? Hay muchísimos. Busque programas de esos en el mundo. Empiece con Soros.

Mario E. Archila