La Constitución ordena que los tributos se establezcan para cubrir las necesidades del Estado.

Hace unos días en el diario Siglo XXI de Guatemala se publicó la noticia que un grupo de ilustres cineastas pretendía por medio de una ley, la creación del Instituto Nacional del Audiovisual y la Cinematografía de Guatemala (Ideacine).

Nada más interesante me dije, cuando al seguir leyendo el proyecto de ley incluye un porcentaje del presupuesto del Estado. El monto que recibiría este Instituto equivale, según el presupuesto actual a Q12 Millones.

Luis Figueroa exclama “Más gorrones al ataque”  y no me queda más que estar de acuerdo.

Veamos así los argumentos jurídicos en cuanto a la creación del instituto y principalmente la asignación de un monto de dinero que proviene del pago de tributos.

En Guatemala, el artículo 239 de la Constitución establece que corresponde al Congreso de la República la creación de impuestos conforme a las “necesidades del Estado”. El término “necesidad del Estado” es lo que podríamos llamar un concepto jurídico indeterminado, pues no hay definición en la Constitución ni otro cuerpo legal de lo que debe entenderse por dicho concepto. Esto quiere decir que serán los tribunales, acá los tribunales constitucionales, los que determinen qué contenido tendrá el término. Hay alguna inclinación general a pensar que “necesidades del Estado” se refiere al “bien común”. Igualmente, bien común resulta un concepto indeterminado en nuestro ordenamiento jurídico.

Una  sentencia guatemalteca, expediente 12-86 de la Corte de Constitucionalidad, aborda el tema desde la perspectiva de la definición de bien común. Lastimosamente no define tampoco lo que es bien común. Dice, no obstante, que corresponderá al Congreso determinar el contenido, según su posición ideológica… y acá es el gol para los honrados y honestos ciudadanos que pagan impuestos bajo la creencia que lo hacen por un legítimo derecho del Estado de cobrarles.

Si el concepto jurídico indeterminado “necesidades del Estado” es un término que se definirá conforme a la posición ideológica representada, pero no conforme a “Derecho”.

¿Qué es el Derecho? me preguntará el lector. Pues un cobro de impuestos está conforme a Derecho cuando atiende a las necesidades del Estado, entendidas correctamente: el bien común, que no es más que las condiciones necesarias para que cada uno de los habitantes puede buscar su propia “felicidad”. Pero esto implica que nadie lo hará a expensas de otro.

En el caso del instituto para los “cineastas”, vea que declaran en dicha edición de Siglo XXI:

El cineasta Julio Hernández, realizador del film Gasolina, galardonado en varios certámenes internacionales, se mostró satisfecho con el dictamen favorable de la ley. “Hemos estado luchando por más de tres años y que bueno que se logró; con esta ley se protegerá el cine guatemalteco, y estaremos a la altura de varios países latinoamericanos”.
Hernández recordó que hasta Estados Unidos “protege a su cine, que es Hollywood”.
El avance del citado proyecto también es bien recibido por Elías Jiménez, director de la productora Casa Comal. “La creación del Instituto es básica, porque dará formación a los futuros cineastas y capacitación a los ya existentes”.

Ahora qué quieren decir estos señores:

1. Hacer cine es caro. Pero yo no quiero pagarlo de mi bolsa y el público tampoco quiere pagarme por ver mis películas.

2. Quiero que me protejan, es decir, como no hago algo que valga la pena ver, según la libre y soberana voluntad de los guatemaltecos y el resto del mundo, déjeme tomar un poquito de los impuestos para no morirme de hambre.

3. Protegido quiere decir que en este Instituto, le dirán a todos los que quieren aventurarse -porque es SU FELICIDAD- a hacer cine, deberán cumplir con todo lo que a los que ya estamos haciendo cine se nos ocurra. Por tanto, si no queremos nuevos cineastas, nos inventaremos los requisitos que no puedan cumplir los nuevos. ¿Entiende, es que nosotros ya sufrimos cumplir el sueño y puede venir un patojo chispudo que nos coma el mandado del próximo Cannes?

¿Le pregunto ahora a usted si SU búsqueda de felicidad, la SUYA, es que estos señores “gorroneen”,como dice Luis Figueroa, de SUS impuestos, del producto de SU esfuerzo, simplemente por que a USTED no se le da la gana ir al cine a ver sus películas y en el extranjero tampoco? ¿Sabía también que para lograr el patrocinio de la producción, muchos de estos estudios no pueden comercializar las películas que producen en Guatemala?  Pero igual usted les pagará Q12 Millones al año.

Imagínese si dentro del concepto de “bien común” y “necesidad del Estado” empezamos a meter todas esas actividades que no son rentables para quienes las ejercen, simplemente con el argumento que “en otros países” las protegen. Su vecino es malo o mediocre para lo que hace, pero tiene un su buen “cuate” en el Congreso y por tanto se consigue un dictamen de una comisión para que le pasen una ley que diga que se creará y asignará presupuesto a una “asociación de XX” para protegerlos y dictar los lineamientos de dicha actividad. USTED, el honrado y honesto vecino que se parte el lomo por alimentar a sus hijos, deberá ahora, pagarle a su vecino a través de sus contribuciones tributarias.

Ah, pero el vecino dirá “es que en otros países…”, pero eso es lo mismo que pensar que como para el 31 de diciembre de 2009, como 20 personas se habían suicidado saltando del puente Belice tírese usted también, pues “otros” se han tirado.

Es imposible que alguien que no sea USTED mismo puede determinar cuáles son las cosas que lo hacen feliz. Es imposible que lo que para usted es “lo mejor de su vida”, haga igual de feliz a otro.

Eso lo comprobó uno de esos expertos, que entre otras cosas, aconsejan subir la carga impositiva y crear este o aquel programa de gobierno. El diario Siglo XXI del 4 de enero de 2010, tiene una entrevista con un experto del Banco Interamericano  de Desarrollo sobre unos estudios de calidad de vida que demuestran que el 90% de los guatemaltecos les satisface su trabajo. El experto, asombrado (¿no era ya evidente que así es, pues?) dice que con el estudio “Descubrimos que la calidad de vida no está en el empleo formal, pues lo que la gente quiere es autonomía, flexibilidad y la posibilidad de dar lo  mejor de sí mismos. Esto lo hace pensar a uno que la legislación muchas veces va en contravía de lo que la gente busca.”

¿Dar lo mejor de sí mismos? No los cineastas y otras tantas actividades “protegidas”…

Y de esa legislación ¿MUCHAS VECES?, principalmente la tributaria, va contravía, ¿no lo cree?