Señor Presidente,

Einstein decía que no puede resolverse un problema usando el mismo nivel de energía que se usó para crearlo. Es así que, disculpe señor Presidente, su comisión para mejorar SAT y la recaudación es un callejón sin salida.

¿Quién estuvo en la creación de SAT? ¿Cómo se le ocurre que 3 exministros de Finanzas van a resolver un problema que ya tuvieron en sus manos? ¿Cómo es posible que lleve a la comisión a quien dirigió la redacción de las leyes que precisamente hoy son las que nos tienen peor que en 1991? No es nada personal contra ellos, ya que sus ideas quizás los hicieron pensar que podían mejorar las cosas. Seguro estoy que la exMinistra de Finanzas que está en dicha comisión ha sido honorable en el cargo, a punto de haber renunciado y según sé, porque se le pedía realizar actos reñidos con la moral.

Para resolver el problema de recaudación hay que pensar como Letonia en 1994; como Hong Kong en 2004; como Korea del Sur en 1950 o como Texas en 1800. No es “haciendo” sino destruyendo lo que durante 60 años se ha hecho en materia tributaria. Destruir facultades de SAT que rayan en lo abusivo.

La corrupción no es más que la suma de:

MONOPOLIO en autorizar, gestionar o permitir.

DISCRECIONALIDAD en el uso del poder

restando luego LA RENDICIÓN DE CUENTAS.

En otras palabras, la corrupción es más si hay más monopolio estatal, si hay más discrecionalidad estatal y poca o nula rendición de cuentas a nosotros. Sus verdaderos “jefes”, ahora simples expropiados.

Así que la corrupción es una reacción a la propia legislación, a la falta de coordinación entre el cobro de impuestos y el uso dado al dinero; a la falta de confianza en gente que ostenta los cargos públicos.

Tenemos un país con 4.5 millones de personas que son invisibles a SAT. Una aduana que es más porosa que un cedazo viejo y no por defraudar Derechos Arancelarios, que es aproximadamente 4% en promedio. No nos hagamos tarugos. El negocio de aduanas es el IVA en la Aduana, para luego defraudar IVA doméstico, ISR y alimentar el mercado informal… que si bien, es una salida racional clara por las aberraciones legislativas que impiden al ciudadano cumplir sus sueños y satisfacer sus necesidades. El primer punto a resolver es para qué usan el dinero. En estos tres años sólo hemos visto despilfarro, mentiras, engaños, mordidas, abusos… ¿Así que quién es el culpable del embrollo?

Los impuestos son herramientas. Así que la moralidad de los impuestos se juzga por la forma en que se usan.

¿Quién usa los impuestos? Evidentemente el que los usa es el gobierno. El ciudadano es contra quien los usa.

  1. Los impuestos son herramientas, moralmente neutrales, como todas las herramientas.
    Los gobiernos las usan para financiar el costo de las funciones que se les encomiendan.

    1. Proteger esa “dignidad” de cada uno.
  2. La moralidad de los impuestos está en el uso, no en el que los paga.

Es así que hay que hacer que exista concordancia entre los fines del gobernante con los fines de los ciudadanos. Cuando lo que tenemos es un mal uso de los recursos, como:

  1. Desatender las razones para las que “pidió el dinero”
  2. Utilizar el dinero para ir contra la propia ciudadanía
  3. Para fines personales del gobernante… el resultado será siempre que no pagará la gente.

El sistema hay que cambiarlo para que permita que cada uno de nosotros logre sus fines propios sin pasar sobre los demás, con un aparato de gobierno que garantice esas condiciones:

  1. Sistema de impuestos sencillo en su pago y cumplimiento. Sin burocracia. Con criterios claros y firmes en el tiempo.
  2. Sistema de impuestos que sea “neutral”. Sin beneficiar a unos, sin encarecer satisfactores y sin perjudicar a otros. No como lo que tenemos, que a leguas se mira que está diseñado para beneficiar a unos pocos y mantener pobres al resto.
  3. Sistema de impuestos amarrado a fines concretos aprobados por los ciudadanos.
  4. Sistema de impuestos con cláusula de escape para el ciudadano. Este punto es el que seguro, ni el presidente, ni sus asesores, ni sus funcionarios quieren, pues viven de usar nuestro dinero para SUS fines, sin querer rendir cuentas… Un sistema en el que los ciudadanos podamos dejar de pagar si los puntos 1 al 3 no se cumplen. Que requiera de consultas populares para aprobar el presupuesto y el financiamiento del mismo. Así vamos sacando los parásitos del gobierno y empezamos a verlos hacer aquello para lo que se supone los elegimos… PARA SERVIRNOS.

Mario E. Archila M.