Se puede decir que todo, pues es muy poco lo rescatable. 

Entremos en algunos puntos específicos de lo que no hace que funcione bien:

  1. El directorio dejó de ser un ente técnico. Su labor de controlar los criterios aplicados por la administración se pervirtió en la última reforma, cuando se le hace partícipe de la recaudación y sus puestos ya no responden a evaluaciones técnicas, sino a las metas de recaudación. 
  2. El ministro de finanzas no puede presidir el directorio si se quiere autonomía. 
  3. El presidente no puede tener la posibilidad de remover al superintendente. Mucho menos, de ordenarle. El Directorio es quien debería tener esas facultades. 
  4. La legislación es oscura y ambigua. Esto fomenta la corrupción institucional. 
  5. La penalización y criminalización del derecho tributario es una oportunidad grande para corromper. 
  6. La falta de criterios de administrativos firmes y claros impide un cumplimiento sano de las obligaciones tributarias. 
  7. La existencia de un sistema tributario complicado fomenta la informalidad y los sectores ilegales de la economía.  

Con eso los dejo para empezar a reflexionar sobre el tema tributario. 
Mario E. Archila M.