La Ardilla en el parque. Un cuento de Navidad.

En el camino

Vivirá en tu recuerdo… así dice una canción que realmente no recuerdo. Pero entre recuerdos se pasa la vida.

Salí a caminar para sentarme en un parque y tratar de olvidar las prisas y complicaciones de estas fechas navideñas. Las calles se llenan cada vez más. Los centros comerciales se alborotan. Se contagia un sentimiento de urgencia y banalidad que me pide alejarme.

Encuentro esta linda banca y me siento a disfrutar de esta brisa que huele a hielo.

Un saxofonista, a mis espaldas, pone notas de blues a estos pensamientos. Los recuerdos llegan y con aroma a pino se presentan las navidades pasadas.

La alegría no era salir a comprar, sino esperar el anuncio de la media noche, con bombas, olor a pólvora, abrazos y tamales.

Una sensación completamente distinta. ¿Qué lo hace diferente? Ahora han pasado 20 años.

Casi escucho las bombas y canchinflines pasando por mi cabeza, cuando veo a un roedor muy pertinente que se cruza frente a mi. Corre rápidamente y lleva semillas en su boca. Así como llevo los recuerdos, corre la ardilla frente a mi.

¿Qué pasará con ella? Decido seguirla. Rápidamente me lleva por un sendero que cruza un río, bajo una linda pérgola.

Una fuerte luz impacta mis ojos y pierdo consciencia.

¿Dónde estoy? Una bruma fuerte y pesada me rodea. Es casi pastosa. Me pongo de pie. El intenso calor agota los pulmones.

La ardilla me observa y pareciera que espera que recupere el aliento. Al incorporarme, algo como con gestos con la cola, me indican que debo seguirla.

Los pasos se vuelven pesados gracias a la arena. Con mucho esfuerzo sigo a la ardilla. Me lleva a un cofre en el que están guardadas cada una de las semillas que recolectó. Abre su boca y coloca las semillas nuevas dentro del cofre y se transforman en oro. Brillan fuertemente.

De nuevo, me mira y la cola parece indicar que debo quedarme allí… Ella, corre y desaparece.

Pasa algún tiempo sin que pueda entender la razón de estar allí frente a un gran cofre con bellotas de oro, a la mitad del desierto.

El calor es muy fuerte. El sol hace brillar la arena de tal manera que parece un océano dorado.

Creo que desfalleceré. Una voz, resuena a mis espaldas: “Chico, ¿qué haces acá?”. Juro que no tengo idea de dónde salió el anciano.

“Seguía a una pequeña ardilla, para ver qué sucedería con las bellotas que llevaba en la boca”, dije temeroso, “y heme acá.”

El anciano se sentó a mi lado y tomó una de las bellotas de oro y la puso en mi mano.

“Cada una de estas bellotas es el esfuerzo de la pequeña ardilla. Las recoge y las deja acá. Lo hace todos los días, en los meses calurosos”, dijo con una voz dulce y calmada.

“¿Y qué sucede con ellas?”, pregunté ansioso.

“Nada”, dijo sin inmutarse. “¿Nada? No puede ser, si ahora son de oro”, repliqué totalmente anonadado de no poderlo entender.

“Te explicaré”, aclaró, mientras colocaba su mano sobre mi hombro como señal de paternidad.

“Cada semilla se convierte en oro, porque tú así lo ves. La ardilla sólo ve semillas y comida para el futuro. Eres tú quién le da el valor para ti, viéndolas como oro. El cofre, es el corazón de las ardillas por las que tu pequeña amiga se preocupa. Ella les lleva lo más importante para ella y ellos, al igual que tú con los tuyos. Esas ardillas, vendrán en un futuro y verán dentro del cofre lo que ellas más valor le dan. La ardilla te está enseñando que lo que hagas, lo debes hacer con entrega y amor, dando lo que tú más aprecias, de manera, que en la soledad de cada uno, en los momentos más duros -de más intensidad- ellos vengan, abran el cofre de su corazón y encuentren lo que ellos más aprecian de ti”. Me miró con los ojos de un amoroso padre admirando el primer triunfo de su hijo. Se puso de pie y se marchó, diciendo: “Para regresar a tu vida, es por ese camino. Pero te aconsejo que no busques llevar oro a esos cofres, sino aquello que ellos más aman…”

Me quedé un rato, hasta que comprendí qué era eso. Me puse de pie y regresé por el sendero que el anciano me mostró. Allí, en aquel caluroso e intenso lugar, conocí el significado de la época y la Navidad.

Feliz Navidad.

Mario E. Archila M.