Me voy a salir del tema de impuestos y coyuntura un rato, pues realmente estamos viviendo en tiempos extraños que están ya pasando la factura emocional y mental.

Los seres humanos somos “animales de costumbre” según dicen. La creación de hábitos es natural a nosotros. Vamos, venimos, hacemos y deshacemos en una especie de rutina. Buenos y malos hábitos van moldeando nuestro día a día.

Lo que comemos, lo que dormimos, lo que leemos, lo que hablamos, lo que nos gusta, lo que nos disgusta y lo que creemos que no nos gusta y hasta que sí nos gusta pueden ser producto únicamente de los hábitos.

Todo es “hábitos”, “costumbre” y se califica de buena o mala si el resultado nos acerca o nos aleja a aquello que buscamos. Recientemente me topé con un Podcast muy interesante (The Happiness Lab) en el que la Dr. Laurie Santos, profesora de Yale, habla, entrevista y enseña “tips” para ser feliz. Creo que vale la pena que le dé algunos tips que he aprendido con ella.

  1. El dinero no compra la felicidad. Las vivencias son la felicidad. Trabajar más horas, buscar completar más pendientes, estar siempre “multitasking” no hará que sea más feliz, aunque gane más.
  2. El rendimiento aumenta cuando se deja de tener “descansos confeti”.
  3. El dinero y la felicidad pueden ser intercambiables cuando el dinero le permite comprar tiempo para hacer cosas que lo hacen feliz.

¿Estos puntos qué quieren decir?

En la búsqueda de trabajo muchas personas prefieren un sueldo en dinero más alto que un sueldo en “posibilidades”, aunque a la larga, el trabajo con posibilidades es lo que estaban añorando. Dejan tiempo de amigos, familia, para sí mismos, para aprender, para enseñar, para conectar, por ganar más dinero, para luego darse cuenta que la vida que llevan es más miserable. En la Edad Media, decía el entrevistado en el podcast, la gente estaba en control de su vida, aunque no supiera la hora. Se guiaban por el sol y por las campanas de la Iglesia que marcaban el momento de levantarse, acostarse, ir a misa (comunidad), el medio día para comer y dormir. Ahora vivimos presos del reloj y para todo tenemos “hora de”. En los profesionales que usualmente cobramos por hora esa esclavitud es mucho mayor.

Esa esclavitud empieza a pasar factura en calidad de vida. Vemos nuestro tiempo como “productivo”=”bueno”, “no productivo”=”malo”. Pagamos con felicidad. Es por ello que la segunda profesional entrevistada hizo experimentos, encuestas y seguimientos para descubrir que tenemos más tiempo libre ahora que hace 300 años, pero sentimos que estamos siempre “contra el tiempo” y “el día no alcanza”.

Esa escasez de tiempo es más una percepción que una realidad objetiva. Objetivamente, tenemos más tiempo a nuestra disposición, sin embargo lo usamos como “confeti” de tiempo. Tomamos pequeños descansos, muchas veces inadvertidamente, que hacen que nuestra atención se pierda, pero no llegamos a “descansar”. Vamos a las comidas prendidos del teléfono, preocupados del email y del Whatsapp. Pendientes de la siguiente llamada. Ella dice que lo mejor es buscar actividades en las que conectemos con más personas y nos desconectemos de la rutina de oficina. Así, el almuerzo no deberá ser solos en la mesa, sino con los colegas, para hablar de cosas humanas y no del trabajo. La hora de almuerzo no es para adelantar correos o contestar mensajes, sino que una oportunidad para tener esa humana conexión con alguien. Luego, al momento de regresar a trabajar, el nivel de satisfacción será mayor. En estos momentos de “Home Office”, haga almuerzo con la familia, sin teléfono, sin computadora, sin distracciones. Conecte con su familia y aumente su felicidad, como aumentará la satisfacción por su propio trabajo y con ello, su productividad.

De la misma manera, use el dinero para ganar tiempo. Comprar comida puede ser caro, pero comprar comida para tener tiempo de poder aprender a tocar un instrumento, disfrutar de su serie favorita o aprender a pintar, porque al comprar comida no pasó el tiempo de cocinar haciéndolo y por tanto liberó tiempo en su vida, era el consejo que esta entrevistada -profesora de Harvard, si mal no recuerdo- proponía. Es lo mismo que evitar salir al tráfico para una reunión. Compre una versión pagada de Zoom y no vuelva a hacer reuniones de trabajo en las que el tráfico sea un trago amargo. Podrá trabajar mejor y ganar 2 hasta 3 horas al día. Esta profesora decía que había cambiado de casa, aunque pagaba más renta, pero ahora tenía 1 hora más libre, porque podía estar en 5 minutos a pie en la Universidad y no 1 hora en carro de camino. Y es una hora de vuelta. Ganó 2 horas en su día. Pero esas dos horas ganadas no van a “hacer más y más” sino a poder hacer las cosas mejor y poder hacer aquello más llena sin pensar que “no tiene tiempo”. Así la compra de comida, dice ella, dejó de ser “$30 de gasto” a ser “me costó $30 dólares ganar 2 horas de vida a la semana porque no tengo que cocinar”, tiempo que puede ahora usar en leer, tomarse un café con una amiga o aprender una nueva habilidad.

¿Qué pondrá en práctica?

 

Mario E. Archila

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