Allanamientos, intervenciones, órdenes de captura. Enero, con brecha fiscal. Ese panorama se levanta en el horizonte tributario y no me queda más que pensar en la larga historia de fracasos gubernamentales que causa utilizar la fuerza excesiva para el cobro de tributos. 

El tema de impuestos en la era moderna parece que olvida los principios subyacentes de legitimación para esos cobros. 

Se pretende, hoy día, dotar de un velo de santidad a los administradores tributarios, cuando, a lo largo de más de 5000 años han sido, siempre, los seres más despreciables y culpables de las más fuertes revoluciones de la historia. Podemos ver que historias bíblicas, previo a eso, egipcias, luego del Imperio Romano, de la Edad Media, de las reformas protestantes y el nacimiento de los ordenamientos jurídicos que dan lugar a la revolución industrial y mejoramiento exponencial del nivel de vida, pasan por un gran rechazo a los tributos que abusivamente cobraba el esbirro de turno del gobernante. 

Sin duda, los tributos cumplen una función en la vida social, pero dicha función es limitada. 

En nuestra situación actual como país, me pregunto si SAT quiere cobrar o simplemente destruir al empresariado -que es un término que lo incluye a usted- pues cobrar tributos no requiere acciones penales y mucho menos acciones penales que cobran antes de siquiera empezar una investigación criminal. 

El Congreso, por su parte, aunque ya sabemos que es un desastre en calidad, se esmera en afirmar esa verdad cuando se trata de leyes tributarias. Un Congreso que otorga “armas” que exceden principios constitucionales tributarios es un arma de destrucción masiva. Nuestro sistema ha dejado de ser sano y es, precisamente, un sistema destructivo, capaz de acabar con la poca esperanza de salir de pobres que tenemos. 

Es así que en estos momentos de la historia me pregunto, si verdaderamente podremos en las siguientes dos generaciones ver un cambio en la situación de nuestra gente, para bien. No lo veo. Espero equivocarme. 

Mario E. Archila M.