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Haga una rica langosta: ley de extinción de dominio

Tengo un montón de cosas más importantes, en mi vida, pero esto es importante para el país.

La famosa ley de extinción del dominio, como dice LuisFi, es una “wizachada”. Ni modo. Quiere leer la ley. Vaya al sitio del Congreso. Acá está el link: http://www.congreso.gob.gt/archivos/iniciativas/registro4021.pdf

Eso es claro para los que entendemos un poquito de “debido proceso”, “protección constitucional”, “presunción de inocencia” y demás.

No es una cosa de persigamos a los malos y hagamos todo lo malo que podamos con ellos. ¡No! Es una cosa de principios.

En este blog he discutido sobre cuáles son los orígenes de ciertos principios y su aplicación en el derecho Tributario. El Constitucionalismo entero es el resultado de una lucha de siglos por limitar y determinar el límite al ejercicio del poder.

¿Sabe cómo se hace la mejor langosta? Se toma viva y se calienta el agua, hasta que esté cocida. Aderece a su gusto el agua, antes de calentar. De la misma manera se pierde la libertad y el límite que tantos siglos ha costado.

Las cosas no tienen derechos. Siempre las tienen las personas.

Esta ley pretende que las cosas tengan la “sanción”, no “las personas”, quienes seguirán siendo “inocentes”. ¡Hágame el favor!

Si le quitan su casa porque dicen que la cosa es “presuntamente de origen ilícita”, hace que usted sea “sancionado”, sin juicio. Si no, ¿explíqueme cómo le quitaron algo que es suyo, sin haberlo condenado? ¿Qué pasa si resulta que usted es inocente dentro de cuatro años? Esto es la zanahoria para aderezar la langosta.

Acá está la cebolla: Es imposible pensar que las “cosas” tengan derechos. Pregúntele a su computadora si firmó con usted un contrato de servicios profesionales, si siente apropiada la compensación… Es “SU computadora”.

Mire el ajo y albahaca: Se pierde el derecho de propiedad sobre bienes “de procedencia lícita, pero que hayan sido utilizados o destinados a ocultar o mezclar bienes de ilícita procedencia”… lo que quiere decir que si usted tiene locales comerciales o una casa y la da en “arrendamiento” a alguien, que resulta que lo acusan de los delitos que están allí, le quitan su casa o local.

Mariano Rayo me dirá: “Es que hay un procedimiento”, pero son babosadas, disculpen, porque la Constitución dice claramente que nadie es culpable, mientras no se haya probado lo contrario en un tribunal (principio formal) y para ello debe ser citado, oído y vencido (principio material). El procedimiento expedito y con apelación -ahora- en 48 horas, es ridícula, pues busque y prepare su prueba en 48 horas, cuando no ha sido citado más que para que le informen que su casa ya no es suya. Y es más, le informen al delincuente presunto que vivía allí, cuando va camino al preventivo.

El debido proceso material implica, definitivamente, que usted y sus cosas, son inocentes, hasta que les prueben lo contrario, no “independientemente” de la sentencia penal. Allí le va el cilantro.

Un poco de picante, le recomiendo chiltepe o chile piquín: mientras se discute, vea usted dónde vive, porque los bienes ya están en poder del Estado. El Fiscal, no el juez, llevan el procedimiento y el juez, sólo lo “aprueba”. Usted puede alegar, pero no le dan los bienes. Es decir que usted es culpable desde el inicio. “No es la cosa”, gritan en el Congreso… Así como muchas otras cosas que no entienden.

Esto es cuestión de principios. Lo que tiene plumas, camina como pato y hace “cuac cuac” sin producir eco, es un PATO.

Sirva en un plato con salsa de mantequilla, adornado con perejil colocho.

Cambiarle el contenido a las palabras es algo de lo que aquella novela de George Orwell se encargó de explicarnos llevaría a la sociedad a un régimen totalitario sin salida.

Además, si leyó la noticia de arriba, resulta que a puerta cerrada lo que los congresistas quieren es que a los funcionarios no les aplique la “presunción de culpa”… Es el poquito de sal que nos faltaba.

La langosta perfecta. ¿No cree?

Mario E. Archila

Lo que hay de nuevo 1

Uff! Título que le pongo para complicarme la vida.

Vamos a empezar con una noticia de Siglo XXI que me llamó mucho la atención:

En la noticia se habla del concepto de impuestos “redistributivos” y sus efectos. Se ha hablado mucho de los famosos programas sociales del gobierno de Guatemala. Los más controversiales son Mi familia Progresa y Bolsas solidarias. El diario en mención dice: ”

Pese a la vulnerabilidad, la familia de Álex no forma parte de los 8,440 beneficiarios de la Bolsa Solidaria Rural Temporal, la cual busca ayudar a las familias de los municipios priorizados que viven en comunidades con alto y muy alto riesgo de inseguridad alimentaria.

El programa consiste en la entrega de 1 quintal de maíz, 1 arroba de frijol y 2 litros de aceite vegetal comestible, durante tres meses, que coincide con el término de la siembra y el inicio de la cosecha de granos básicos. Así se explica en un informe de rendición de cuentas del Consejo de Cohesión Social.” (puede leer la noticia acá).

¿Qué tiene esto de importante? Bien, si lee toda la noticia verá cómo la comunidad se queja de la falta de ayuda y clama por ella al gobierno. Los entes burocráticos no asisten a 4 aldeas de Zacapa que representan riesgo alimentario, que ya han sido ubicadas. Las excusas no son importantes, pues el problema es de fondo.

1. No corresponde al gobierno salvar la crisis alimentaria. Es cuestión de generación de más riqueza en el país, para lo que los gobiernos no son el vehículo.

2. La repartición, aunque tengan excusas, obedece a intereses particulares de quienes toman las decisiones: los burócratas. Siempre habrá alguien a quien dejan fuera. No estoy diciendo acá que en este caso particular los intereses sean oscuros y poco nobles -eso júzguelo usted-, simplemente digo que siempre habrá esos criterios. En algunos casos será por razones políticas, por buscar el voto, por quedar bien con algún proveedor, etc.

3. Las necesidades del ser humano son siempre ilimitadas, pero igualmente, la actividad del ser humano es ilimitada. En estas situaciones hay mucha gente dispuesta a ayudar, siempre que el aparato estatal no esté drenando recursos de fines que son netamente privados: caridad, beneficencia y generación de riqueza, para usarlos con fines particulares y hasta políticos. Ese riesgo siempre estará, principalmente en un Estado cuasifallido que no podrá controlar la corrupción, salvo que atienda las verdaderas necesidades del Estado.

Esas necesidades del Estado a ser cubiertas -porque es la esencia del Estado moderno- son: justicia, seguridad, relaciones diplomáticas y obras públicas. A eso debe referirse el artículo 239 de la Constitución cuando establece que los tributos deben ser decretados para cubrir las necesidades del Estado.

No se pierda, utilizar los impuestos con fines redistributivos no salvará a nadie que esté en el punto más bajo de la escala de riqueza. Dejemos eso a la actividad bondadosa de los agentes sociales adecuados. A ellos que no pueden coercitivamente cobrar para conseguir el dinero, por lo que usarán el mismo en la forma más eficiente posible y tratarán de dar solución a largo plazo en las comunidades más necesitadas. ¿Quiere ejemplos? Hay muchísimos. Busque programas de esos en el mundo. Empiece con Soros.

Mario E. Archila

Somos humanos, somos iguales

¿Es usted igual a su vecino? ¿Es usted igual a su pareja?

Basta una pequeña observación para darse cuenta que sí y no. Entre los seres humanos existen grandes similitudes. Es como ver dos leones o dos tigres. Morfológicamente son iguales. Es muy difícil diferenciar uno del otro si no se está entrenado. Los seres humanos nos vemos así para los animales. TODOS iguales.

Con una simple observación podemos también establecer las diferencias. Hombres y mujeres son morfológicamente distintos. Nadie puede negar eso. Los rubios son distintos a los morenos. Los altos son distintos a los bajos. Etcétera.

Innegablemente todos tenemos diferencias externas. Mucho más, las tenemos internamente. El IQ de cada persona es distinta. El temperamento también. La personalidad se manifiesta en cada uno de manera distinta. Las habilidades, debilidades, virtudes y defectos nos hacen únicos. Lo que logramos en la vida, como relaciones interpersonales, logros laborales, capacidades físicas o deportivas, resultados intelectuales… todo es distinto de uno a otro ser humano. Eso es lo natural.

Es por ello que el Derecho toma las  semejanzas para legislar a partir de ellas y toma las diferencias para respetarlas.

En el Derecho Tributario se gestan dos principios que buscan hacer compatibles las diferencias y las semejanzas del ser humano:

1. Generalidad;

2. Igualdad.

Antes de explicarlos en detalle, debemos reconocer que estos principios tributarios se derivan del principio básico de igualdad ante la ley.

La igualdad ante la ley parte de la declaración de independencia de los Estados Unidos -en el mundo moderno- cuando se dice: “Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad.”

El principio de igualdad ante la ley es por tanto, uno de esos derechos inalienables. Es un derecho por el simple hecho de ser humano. De allí derivan las consecuencias necesarias: la ley debe tratar a todos los seres humanos de igual manera. Es un medio, pues el resultado: LA BÚSQUEDA DE LA PROPIA FELICIDAD, es un derecho inalienable e IGUAL para todos los seres humanos. El resultado de esa búsqueda será distinto para cada uno.

A través de la historia, sin embargo, se ha distorsionado dicho principio. Siga leyendo.

La generalidad es entonces un medio para lograr que el ser humano no pueda evadir el cumplimiento de la ley por razones externas a su naturaleza. Antes de la instauración del principio, si bien todos éramos “humanos”, no todos éramos “iguales” y por tanto, las leyes no eran “generales”. Los nobles, clérigos, militares y otras “categorías”, tenían normas especiales o bien no se les aplicaban las normas que se aplicaban a los demás.

Fotografía en Wikipedia de una Guillotina

La generalidad es quizás uno de los pocos frutos reales y positivos de la Revolución Francesa -como principio, no en la práctica de dicha época. En ese momento -1789- se buscó abolir todos los privilegios que la nobleza tenía. En principio -como dije- ésa era la idea. En la práctica fue simplemente una excusa para seguir la recomendación de la Asamblea por moción del Dr. Joseph Ignace Guillotin, “…a fin de que la pena de muerte fuera igual para todos, sin distinción de rangos ni clase social. En efecto, hasta entonces sólo los miembros de la aristocracia tenían el privilegio de ser ajusticiados sin agonía: eran decapitados con una espada o un hacha. En un principio, Marat había apodado la máquina Louison oLouisette (diminutivo femenino del apellido Louis)“.

El origen algo espeluznante del principio de generalidad se extendería luego a nuevos horizontes. Se abolieron en nombre de la generalidad exenciones para nobles, cleros, gremios y otros. Ahora prevalece el principio de que “todos los seres humanos” deben contribuir al sostenimiento del Estado en iguales condiciones.

Esto empalma ambos principios. La generalidad es la sombrilla. Todos debemos colaborar. La igualdad es el matiz.

Guatemala recoge el principio de generalidad tributaria en el artículo 135:

ARTICULO 135.- Deberes y derechos cívicos. Son derechos y deberes de los guatemaltecos, además de los consignados en otras normas de la Constitución y leyes de la República, los siguientes:

a) Servir y defender a la Patria;

b) Cumplir y velar, porque se cumpla la Constitución de la República;

c) Trabajar por el desarrollo cívico, cultural, moral, económico y social de los guatemaltecos;

d) Contribuir a los gastos públicos, en la forma prescrita por la ley;

e) Obedecer las leyes;

f) Guardar el debido respeto a las autoridades; y

g) Prestar servicio militar y social, de acuerdo con la ley.

La igualdad la tenemos en el artículo 4:

ARTICULO 4o.- Libertad e igualdad. En Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. El hombre y la mujer, cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales oportunidades y responsabilidades. Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre ni a otra condición que menoscabe su dignidad. Los seres humanos deben guardar conducta fraternal entre sí.

La igualdad es un medio. Iguales derechos para los seres humanos. Iguales obligaciones. El Derecho, sin embargo, busca la justicia, de manera que la igualdad a raja tablas podría resultar en una injusticia bárbara. Por ello la igualdad se matiza para que en cada situación particular, el sujeto pueda atender a sus obligaciones dentro de categorías razonables. La igualdad como un medio es lo Jurídico. Busca iguales cargas a misma -igual- capacidad de contribuir. No es una igualdad “categorizada” de derechos, sino una igualdad matizada, ajustada -por la equidad y justicia- en cuanto a las cargas u obligaciones. Hablaré en un artículo futuro de esta igualdad como medio más a detalle. El Derecho busca entonces, proteger a los seres humanos en su calidad de seres humanos. Atenúa las cargas conforme a la justicia, pero trata igual a todos los que están en iguales circunstancias.

La igualdad no es un fin del Derecho, pues sería antinatural. Empezaba el artículo diciendo que “Sí y No”. Somos iguales como seres humanos, no así en los detalles o particularidades que nos hacen “individuos únicos e irrepetibles”. La ley no puede buscar que todos seamos iguales en los detalles. Tampoco puede pretender la ley que seamos iguales en los resultados externos que obtenemos. No puede la ley limitar la cantidad de éxito financiero que obtengo gracias a mis habilidades. No puede la ley impedir la felicidad conyugal de quien se aplica a la relación de pareja. No puede la ley limitar la posibilidad de una idea que se le ocurre a X y no a Y. Todos esos resultados son parte de la búsqueda de la felicidad.

Si la ley estableciera que usted debe entregar todo aquello por encima a una cierta cantidad -imaginemos- Q36,000.00 al Estado, para que TODOS seamos IGUALES en ingresos, se generaría una gran injusticia. La ley es por tanto un medio para mantener la igualdad como seres humanos. Esa igualdad natural. No es, ni puede ser, un mecanismo para buscar una igualdad externa.

Tributariamente, la igualdad implica que se miden ciertos parámetros reconocidos como “capacidad contributiva o de pago”. A igual capacidad de pago, igual carga tributaria. La generalidad implica que todos deben contribuir al gasto público. Los límites a la generalidad están dados por razones de capacidad de pago: las exenciones sólo pueden existir por razones de falta de capacidad de pago. No son admisibles las exenciones por actividad, región, raza, credo, clase social u otras. La igualdad se logra, cuando las capacidades de pago agrupadas en categorías razonables, sufren la misma carga impositiva. Tributariamente no es aceptable que se busque igualar la capacidad de pago después de impuestos, sino que se parte de la capacidad de pago, para establecer la carga impositiva.

Disfrute su calidad de ser humano. Disfrute su igualdad como ser humano. Celebre las diferencias.